viernes, 12 de octubre de 2012



 LA GORDA, LADY GAGA Y EL GOBIERNO DEL CAMBIO 


No sabía cómo empezar mi regreso al blog, y en este mismo momento antes de escribir la palabra que sigue, tan poco sé cómo. Lo que sí sé es cómo terminarlo: fácil, poniendo un punto o puntos suspensivos.

Se fue dibujando como en cámara lenta, después se le fue aplicando el color que corresponde, llenándose de materia, a veces fecal y a veces de oro que, una vez mezcladas éstas, su resultado era o es oro con olor a mierda. Luchó por ser, menos mal que nunca fue, una especie de líder de la región pero más afligido por golpes y porrazos vecinos que por vocación de líder… dicen que las balas chafarotas le asustaban tanto que se llenó de lobos y ahí quedó la cosa. Lo más estúpido del proceso de dibujar fue aquello del portuñol y el espanglish, de negro y de barbudo, de obrero y de activista y… nada más alejado de la realidad y negando al loco del sur y al loco de verde porque eso trae malas amistades, malos consejos y muchos amigos neo-nazis  Pobre loco, dije yo y mis amigos me reprendieron por blasfemo: el cambio viene, me gritaban y yo les respondía amablemente que el problema de los calzones es que se cambian pero siempre soportan las mismas partes hediondas. ¡Que bueno es andar chulón!

Antes de eso, porque ahora es un “eso”, la muchachita era admirablemente visual, con sus machas corporales estéticamente bien hechas, cargada de locura bondadosa. Artista, según los cánones nacionales. Exploradora de lo intenso, de lo fácil, muchos dicen que agradable. Yo nunca lo dije, por suerte. Sus complejos la fueron llenado de comida a todas horas y la maternidad hizo su parte (justificación tardía) pero el entorno hacía lo propio… en el cerebro de ella… y lo que antes era belleza ahora era lo más horrendo y desagradable del planeta. Pobre gorda, decían. Yo, simplemente le dije amiga alguna vez pero ahora me refiero a ella como “la ballena musicalmente amargada”.

Primero vi el vídeo y me llamó la atención la extravagancia y el chucho de la misma raza que los míos. Después vi que era exquisitamente sexual, provocadora, conocedora de la música y fanática de Fredy Mercuri. Casi, casi llegó al mismo tiempo a la cima que el negrito a la presidencia (el otro del cambio y el yes güicán) y su fama iba haciendo lo suyo y su arte cada vez más imitado por otras. Esa voz mezclada naturalmente de hombre/mujer y el rumor y el morbo alrededor. Rubia, al fin, se dejó caer hasta lo más profundo de la quietud dinámica, repetitiva, cansina, aburrida. Ya jode mucho que la mayoría de las cantantes tengan que enseñar la papaya para vender discos (salvo la otra gorda, la inglesa, que no hay quién la encuere). La diferencia entre un “éxito” y el que sigue es solamente la peluca que usa, los tacones de travestí pendejo y/o los bailarines tipo alienígenas.

La muchachita cambió: pasó de fea a gorda espantosa. Lady Gaga cambió: sus pelucas no son las mismas en cada vídeo  ni los maridos, ni los amantes, ni los bailarines. Siempre diré que el cambio como lo piensa la gente no es el cambio, que el cambio como lo quería la gente tan poco lo es. No es aquella cosa que muta o se convierte. Yo creo que los cambios son otra cosa, lo que va a significar algo más allá de lo que es perceptible.
Él ha hecho lo que ha querido y no lo que debería haber hecho (que montón de conjugaciones del mismo verbo) y por puro azar si han habido cambios, de los que yo llamo cambios (otra vez la conjugación): pero no es el vaso de leche ni las rubias de las fotos de los paparazzi.
Los cambios para mi es el  irreparable y letal el daño causado a LOS MALOS por aquella visita del presidente del imperio a la tumba de Oscar Arnulfo Romero, porque no visitó el redondel de la vergüenza. El cambio es la sangrante  estocada y perpetua en el tiempo queda  el día universal de la verdad declarado por la ONU sea el 24 de marzo. No lo hizo el presidente porque no es tan inteligentemente conspirativo y a veces coquetea casi como “lady gaga y la gorda” con los malos. El cambio lo hizo la gente a través de la historia, de su historia. Desde la historia de todo un pueblo.

martes, 1 de diciembre de 2009

República Socialista de algún recuerdo y de tres amigos

fotografía Guillo Martillhoz. 2005. D.R.

Tenía una imaginación descomunal y de arrabal de Santa Anita, porque de ahí era. Osado, cuchillero, marginal y boxeador en la categoría infantil de la arena cerca a su casa, llegó a Cuba por cosas de la guerra para no variar. Sagaz para los apodos: todos menos Verónica Vides y los chapines teníamos apodo. Edwin, el más acérrimo crítico de su propia "belleza", era así y así murió al año siguiente en su primer combate, siguiendo los caminos de un ideal que por ahora nunca fue. Vivir en aquella escuela, internados, creo que fue lo más cercano al socialismo que él vio en su vida. Ya su hermano había ofrendado alguna parte de su cuerpo durante los primeros años de la guerra y él estaba en séptimo grado. Lo recuerdo con gran agrado: mi dos únicas peleas en aquella escuela las había organizado él. En una gané con amplio puntaje contra un colombiano burgués hijo de las FARC, la pelea duró todo el ancho y largo del albergue de octavo grado. La otra batalla la perdí por fatiga, el judo del "Negrón" que tenía de contrincante y su rabia porque yo le había marcado una bota en el pecho... lo demás es historia. Si de repente oías "Fausto Cara de Sapo" a todo pulmón, era Edwin desde la plaza de formación cuando Fausto el hondureño pasaba por el pasillo que conducía al área docente. Como dije, todos menos tres teníamos apodo... y sí, era así: Fausto tenía un rostro exótico, vaya. Una de las pocas veces que el expediente escolar de los salvadoreños que estudiábamos en esa secundaria estuvo cerca de la abominable mancha en el expediente escolar, fue cuando Oscar y Edwin tumbaron a machetazos toda una fila de matas de plátano propiedad del Estado, falta homologada con asesinar o matar una vaca cuando se trata del Estado y sus propiedades. Fue así, murió en su primer combate: una bala certera lo dejó en algún matorral de su país: tenía puesto sus guantes de boxeo, su sonrisa extremadamente cómplice de su picardía que, en esta ocasión, tenía cierta intranquilidad porque la sangre de su frente le dibujaba los labios como si fuera un payaso (su mejor vocación). Seguro de sí, no quiso ser héroe pero lo fue con nosotros y para nosotros, por eso nos puso apodos que aún usamos en esta liviana libertad que su muerte nos dio. Antes de ser estudiante fue ayudante de zapatero, después de ser estudiante fue guerrillero a los 15 años. Fue así y así murió.

Fredy, delgado como lagartija, con cara de perrito desnutrido (según valoración estética de Edwin) y apodado "Terry" por ese físico canino, tenía aquella afección de adolescente de hacer de una mata de plátano o la cáscara de su fruto, la mejor compañía sexual en aquellos ratos de ocio en esa escuela perdida en el monte de Artemisa, en La Provincia Habana. Fanático de las matemáticas y nulo para las mismas, era el más consiente de nosotros, el que competía por ser el más revolucionario ochentero, cumplidor de normas y diestro con la cuma o machete podando los zanjones de riego de los platanares... era su forma de devolverle a la naturaleza los favores sexuales que esta le daba, creo yo. Tuvo una novia en la escuela y le duró una noche por esa incompatibilidad que hay en la mayoría de casos entre un guanaco de pura cepa y una mulata caliente de un internado... como en el que estábamos nosotros. Así era él: flaco, huesudo, medio grencho, noble, competitivo hasta la muerte, comprometido con la causa. Así era él y así murió en la ofensiva del 89 en un cruce de balas desorganizado con otra fuerza guerrillera en pleno Soyapango. A miles de kilómetros, a punto de lograr ser bachilleres Beto y yo nos enteramos de su muerte. Él descoyuntado en la ciudad más poblada de San Salvador y nosotros con una botella de Bocoy (aguardiente bajero cubano) jugamos dominó hasta la madrugada. Los cubanos pensando que tendría pronto un aliado en Centro América recién caído el muro, ese fin de año nos inundaron el campamento con cerveza, ron y esperanzas del cambio. Ese que no llega y por el cual mis amigos dejaron su vida en una bala.

Nos conocimos jugando bádminton frente al edificio donde vivíamos en Boyeros. Vestía unos pantalones cortos hasta las rodillas y unas medias de futbol (medias gordas de rayas, como dicen en Cuba) hasta las rodillas, camiseta blanca y tenis blancos. Vestía como un negro habanero pero era venezolano como su padre, como su madre y como su "desastroso" hermano, Américo. Julio también tenía un apodo puesto por Edwin: "El Negro Jackson", por su afección al break dance y a la común cultura de los afro caribeños, sean estos del barrio más malo de la Habana o de Caracas. Limitado en algunas materias pero alumno ejemplar en educación física, Julio era, según él, el mulato más sabroso de la escuela. Su camisa del uniforme era almidonada a puro estrés de la novia que le planchaba la camisa, sus zapatos de charol forzado relumbraban en el pasillo del edificio docente y sonaban como con espuelas porque la moda era ponerle tachuelas al tacón de las botas que el sistema de educación nos daba, cosa de hacerlas más occidentalizadas dentro de lo que cabía. Después de probar suerte en muchas otras escuelas de donde fue expulsado, descubrió que su vocación eran las masas y seguir los pasos de su padre dentro de la guerrilla salvadoreña. Un día, de una de esas vueltas terminó en la escuela para Líderes Sindicalistas del PCC y graduado de ella se vio con un fusil en San Vicente. En 1991, a Julio le dieron muerte los de la posta militar que lo capturaron en Santa Clara, San Vicente... murió exactamente 10 años después que su padre, en el mismo lugar, con la misma nacionalidad y con el mismo nombre.

Tirada como mole "aspirante" a edificación soviética, descansa entre un platanar y los eternos campos de papas, aquella escuela que a bien o mal le decíamos "La Checa". Madera degastada sus ventanas por los huracanes y por el socialismo experimental de los ochenta, abiertas eternamente permitían que los chupasangre nos usaran de manjar. Beto y yo, recolectábamos mierda de vaca y sin ser marca registrada de Bayer, los espantaba con efectividad, pero cuando la mierda escaseaba (sin período especial aún) la respuesta era dormir bajo la ducha.

Verónica, Beto, Edwin, Oscar, Fredy y yo: los becarios salvadoreños. José Luís y Karina Siguil, los guatemaltecos. Fausto y Angélica, los hondureños. Albina Maluenda (mi novia) y Jorge Maluenda, más una chica sexualmente famosa en el internado, de la cual no recuerdo su nombre: los chilenos del Manuel Rodríguez. Julio y Américo Guzmán junto a "El Tol", apodo puesto por Edwin: los venezolanos. Rubén, de Uruguay. "El Cuacua", otro apodo, el colombiano. Derroteros diferentes y seguramente muertes distintas tendremos cuando llegue la hora, sabremos dedicar un segundo de los últimos pensamientos a aquel curso 85-86 en Artemisa, donde gané los nacionales de poesía, Beto descubrió la forma barata de tomar ron y Verónica descubrió la escultura en barro, después de esos kilométricos, así de literal, surcos de papa: los tres salvadoreños que quedamos vivos, más Oscar que se hunde en el olvido en alguna cantina de la derrota. El Nombre completo de la "nave espacial" del socialismo del siglo XX era "Escuela Secundaria Básica en el Campo, República Socialista de Checoslovaquia", alias "La Checa".

domingo, 22 de noviembre de 2009

"UN PELO DEL CULO", performance art de mi indigestión cultural de una noche de viernes

Fotografía Guillo Martillhoz. "Performance Art de dos musas desprotegidas". 2008. D.R.

El producto hecho por un artista se llama obra de arte y siempre tiene que decir algo porque si no es mentira que se llame arte, obra de arte y mucho menos que el “autor” sea un artista. Y esa máxima que muchos usan “yo escribo, pinto, compongo, esculpo, etc. Para mí…” no tiene valor estético en la mayoría de casos o la otra trillada oración de “no quise decir nada o contar algo” es una forma de decir que carece de vocación, talento e interés por la investigación de la rama del arte a la que pretende pertenecer el autor de la obra en cuestión.
Voy a describir como contándole una película a un amigo, una de las escenas que, aproximadamente 50 “incultos”, vimos y que seguro la mayoría no comprendimos:
en la porción de patio que le asignaron a la autora, había una silla frente a un guacal con tile aún en estado de polvo y detrás de este guacalito un ventilador que a todas luces se notaba que no lo limpiaban desde hacía rato… las motas de polvo, las telarañas y las huellas digitales de grasa o similares no creo que eran parte del performance art, arte acción o simple payasada sin payaso… sale la autora en calzones blancos y camiseta blanca tipo “babydoll” empantanada la piel con algo que dedujimos era aceite y se sentó en la silla ya mencionada. Con su mano derecha tomó el control de las velocidades tradicionales que todo ventilador chino tiene (tres), y manipuló dichas velocidades con la sombría intención que el tile en estado de polvo (creo que accidentalmente humedecido) la fuera pintando de negro tiloso. Una vez chuca la ropa y parcialmente las piernas entiladas, se levantó y se fue y los que mirábamos el acto nos quedamos igual que cuando llegamos al patio donde estaba la silla. Salvo algunos esnobistas, la familia de la autora y sus amigos pusieron cara de haber entendido TODO de principio a fin con sus respectivas variantes de lo comprendido:
1. Nos quiso decir que se disfrazó de vendedora de carbón como las que están cerca del Cementerio Nacional.
2. Que fue una a oda al ventilador chuco y que de paso todo lo que se pone enfrente de un ventilador nos puede caer en la cara o en todo el cuerpo.
3. Nos trasmitió esa importancia que tiene arreglarle los escapes a los buses porque tiene el mismo efecto que si nos paramos frente a un ventilador soplando tile en polvo, tierra, talco, maicena, harina o similares.
Yo creo que cuando se representa algo y que tiene que ver mucho con el arte escénico, la obra que se monta o la pieza que se presenta y representa, debe tener esa esencial característica de la Estructura Dramática y no porque me dé la gana a mí o porque yo lo digo, sino porque desde Aristóteles a la fecha es la única manera de narrar y hacer comprender una representación que se relaciona con la acción de contar algo y/o decir algo.
Se entiende que el “performance art” debe ser la acción en sí misma (drama en griego, pues) y muchas veces improvisada pero surgida a partir de una idea preconcebida del autor (abstracción) y de su auto comprensión para poderla ejecutar. Acción que tiene el deber de conmover al espectador, lo haga reflexionar y, sobre todo, que una vez terminada la intervención del artista, ese espectador saque su propia conclusión de lo visto, lo sentido o lo vivido. Creo que la satisfacción debe quedar siempre en el público, al comprender lo que el artista trabajó. Insisto, el arte es uno por cien inspiración y noventa y nueve por cien transpiración pero, ¡No quiere decir que tocar batucada en una marcha de equis reivindicación es un performance art y que los zanquistas que acompañan a los percusionistas son artistas de lo conceptual!, así como tan poco es arte eso que carece de toda comprensión por la masa invitada a presenciar una serie de actividades más o menos lúdicas, cotidianas del mal cine pornográfico y muy aburridas.
Voy a describir otra intervención, que vimos más o menos 50 “incultos”, así como cuando uno le cuenta una película a un amigo:
Había una bañera llena de recortes de periódicos locales con esquelas de defunción impresas en dichas páginas. Frente a la bañera una mesa. La autora salió (vestida) y se introdujo en el agua de papel. Tomó un recipiente de cristal y le echó cloro. Tomando una hoja a la vez, con la lejía borraba el nombre del difunto y le escribía el nombre de algunos artistas (del performance, de lo abstracto o lo esnobistamente aburrido) presentes dentro de eso 50 “incultos”. Una vez escritos y asesinados por el plumón, eso recortes fueron a ser parte del mural donde se coloca la cartelera de actividades del Centro Cultural donde se llevó a cabo el evento. Después, la autora regresó a la bañera y siguió con su “masacre” conceptual de artistas. Salió de la bañera, no se secó y se marchó. Los casi 50 “incultos” sacamos conclusiones aunque la mayoría igual no comprendió nada toda la noche de performances. Mis variables de lo visto son las siguientes:
1. Que la autora es asesina en serie de colegas suyos y los ama tanto que los puso en la cartelera, virtualmente muertos.
2. Que es una oda a todos los que participaron haciendo o viendo.
3. Que en una bañera todo puede suceder y mejor aún si recuerda a la clásica escena de Psicosis, solo que esta vez valía la pena matar a unos cuantos.
Esta intervención, tenía esa estructura que menciono: inicio, nudo y desenlace (puesto así para ahorrarnos la explicación completa de Estructura Dramática). Al final, el espectador quedó satisfecho y comprendió lo que quiso: era un homenaje a los artistas del performance o la ‘mentada de madre’ más grande y sutil desde una artistas para unos y unas artistas (acá vale el género de nuevo). El performance art tiene que tener implícita una idea, una acción y un resultado. Por ejemplo, no voy a mandar a una “manada” de gente de la alta sociedad a barrer las calles cochinas del centro de la ciudad, vestidos de empleados municipales simplemente porque YO quiero ver y/o registrar sus reacciones y a su vez desatendiendo que el trabajo de barrer las calles es una escena cotidiana en una sociedad y lo menos en que nos fijamos es en el rostro y la reacción de los que la barren. Y si llevo público cual parque zoológico para que vean esas reacciones, seguramente la respuesta del “jet set barrendero” no será un acto u obra artística. Para muchos y muchas (género tranvex) eso que se me ocurre como ejemplo es una obra maestra del Performance Art… para la Estética, como ciencia que se dedica al estudio de la belleza y sus representaciones a través del buen gusto, es una grandísima mamarrachada.

miércoles, 18 de noviembre de 2009

MENTIROSOS COMO LA VERDAD


Negrito y Peloncito se pusieron a jugar con la democracia y ésta los violó de punta a cabo… pero les gustó. Negrito sacó a su súper ejército a repartir balas y comida en algún lugar del otro lado del mundo mientras peloncito sacó el suyo a repartir risas y vergüenzas en éste país (ito). Nada cambió, sólo el carro de ambos y los salarios de muchos. Por ejemplo, Mentirosito Sun antes era pintorcito cuelga guacales de bar y ahora es flamante mentiroso en funciones, aunque siempre han sido todos ellos y ellas (acá si vale el género) analfabetas funcionales. Negrito tiene una ventaja sobre Peloncito: avión propio. Peloncito tiene una gran desventaja sobre Negrito: le ha dado mucha cuerda a su flácido ejército, porque se asustó en junio por lo que le pasó a Bigotón y eso a la larga cobra como las cobras.

Peloncito es payasito de ricos sin ser de circo ruso, pero Negrito es monito de blanquitos triple K que andan asustando con Viejito Verde Olivo y Chimpancé Petrolero. Nada ha cambiado salvo el sueldo de algunos y algunas (vuelve a valer el género). Por ejemplo, La Comisaria Borrachita a calentado asiento y unos Zanganitos le dan paja. Negrito tiene ventaja sobre Peloncito: uno se puede repetir y el otro no… menos mal, para nosotros y muy mal para los de allá. Peloncito gusta mucho de la atención y Negrito la evita porque asustan mucho los Dragones Chinos. Nada ha cambiado y no va a cambiar porque a muchos les falta un músculo importante pintado de gris.


Mentirosos como la verdad. Han pasado algunos días y si bien es cierto que nada es por acto de magia tan poco todo es una promesa difícil de cumplir. Hasta ahora no he podido ver nada de nada ni cambio seguro ni mucho menos las grandes avenidas llenas de esperanza. Culparan mucho a las tragedias o las pestes venidas de afuera, los locos manchados de la cara y a los que manchan peor que esos vestidos de saco. Triste es que la vanguardia se ha perdido en el billete verde y por más golpes de pecho que se den, no les creo nada. Conozco a muchos insuficientes que ahora son delegados en puestos de depuestos y siguen siendo los mismo oportunistas de siempre. Hay algunos que si son honestos pero están bien solitos o viejitos y otros que no roban nada pero el ojo pegado al aparatito no los deja ver lo bueno que son los de afuera. Nada a cambiado y los que mandan siempre son los mismo y digo esto no por rencor sino por amor al credo.


Los tres grandes mentirosos son dos: el cambio

domingo, 18 de octubre de 2009

EL RASTRO

Fotografía de Guillo Martillhoz. Octubre 2009. D.R.

Se dice que una imagen vale más que mil palabras y normalmente en las campañas publicitarias o comunicativas contra la violencia ninguna premisas es efectiva (por lo menos aquí), porque la campaña en sí misma es violencia explícita, de mal gusto y sobre todo es hipócrita y aberrantemente antiestética. Por ejemplo, hace algún tiempo, descubrí cerca de mi casa una cantidad descomunal de muñecas plásticas con sus vestiditos de juguete rasgados, tiradas al “azar” en la calle, como denuncia de la violencia, de violencia sexual hacia las niñas (sexista eso porque no vi carritos ni juegos de bomberos tirados con la misma intención en absurda “instalación” plástica). El comentario de una vendedora a una niña que la acompañaba, terminó de aprobar mi apreciación de dicho absurdo: ‘¡ay, y yo que quería regalarte una de esas!’… las muñecas aplastadas por los carros, era noviembre y ya olía a navidad. Unos meses después, la “instalación” callejera o “campaña” contra la violencia infantil (ojo, es impropio que sean las dos cosas a la vez pero así es aquí, dicen) era una fotografía en un salón de exposiciones… más absurdo diría yo, no hay.
Nunca he podido ver que la denuncia de todas nuestras aberraciones como sociedad vayan de la mano de lo estético, de lo implícito en lugar de lo explicito, vayan de la mano con el recurso expresivo en lugar del apurado afiche mediocre o la triste representación teatral, dancística o musical que ya aburre con lo mismo desde hace más de 15 años… creo que la culpa está en haber confundido eso de la libertad de expresión con lo de realizar marchas y eventitos para justificar el dinero extranjero. Las personas que marchan van por el pancito con repollo y el refresquito artificial, no oyen a la que canta “Todo Cambia” porque lo que no cambia es la canción, no ven a las quinceañeras bailando una coreografía floral vestidas y maquilladas como mimos de plaza… la denuncia contra la violencia es la misma desde hace mucho y lo peor, no deja nada a la imaginación, a la abstracción y al ejercicio muscular de la materia gris…

Una imagen vale más que mil palabras. En EL RASTRO la palabra vale y la imagen es su cómplice de principio a fin, llevándonos a examinar/ejercitar cada neurona viva que tenemos y a comprometernos a decir las cosas como son y no como se imagina que deberían ser. La denuncia al fin cobra vida como expresión estéticamente válida. Es, si se quiere, el homenaje al buen gusto y la denuncia y no es teatro político ni panfleto disfrazado de representación escénica porque no llega a decir a través de lo explícito lo que todos sabemos pero si nos hace retorcer en la butaca. Es una pieza teatral desnuda de pretensiones y sin embargo tiene todo aquello que hace exquisita a la obra de arte que se piensa y se haces desde la honestidad del autor y de los intérpretes. Hay cierta magia en esa simplicidad y esto se debe a que el gran actor es el espectador y la actriz principal es la conciencia de cada uno de estos actores que ven frente a ellos a su propia vida, su propia historia… como dicen: la verdad duele. Una escenografía minimalista casi al extremo pero que llena un vacío y genera grandes dimensiones geográficas y, que puede ser cualquier lugar, cualquier habitación, es parte de esa honestidad que desemboca en el llanto puro de la risa escondida en la vergüenza que sentimos por ser humanos.
La historia de la humanidad tiene violencia y ésta violencia tiene biografía/radiografía que es ese viaje de sesenta minutos a través de la historia de la violencia. La denuncia ha dejado de ser panfleto de muñecas y por fin se ha convertido en obra de arte, como una imagen de mil palabras… para el que me conoce, muy pocas veces digo que algo me gusta, y esto me gusta.
jueves 22 de octubre, 18:00 horas, pequeña sala del teatro nacional. San Salvador.
dirigida y escrita por enrique valencia
actuada por alejandra nolasco y viktorio godoy

martes, 13 de octubre de 2009

LIBERTAD

fotografía: guillo martillhoz. octubre 2009. D.R.

Luces, Cámara, acción.
Íbamos llegando de a uno o en grupo. A pie o en blindados. Tristes, alegres, expectantes… levemente dudosos.
Afuera: la realidad, el niño de verdad que duerme sobre un cartón, la vendedora, el mañoso de siempre, la belleza de lo horrendo. Adentro: lo horrible que es lo bello, las luces, la seda y el terciopelo, el príncipe con nuevo corte militar y otro “princeso” en sentido contrario buscando parqueo con el tanque de guerra que le regaló el papá y que más de un millón de personas estuvimos malamente de acuerdo; adentro estaba la imaginación logrando aburrirse con las caras conocidas y el aplauso inoportuno a las comisarias, secretarias, directoras, comales y pupusas doradas. Afuera hubo luces artificiales y el grito jocoso del pueblo diciendo -¡Ahí viene Norman, hijos de puta!, afuera todo, y yo y mi amigo adentro desde el balcón viendo como se suda en estos tiempos de cambio y cagados de la risa del ciento de “San Simones” engalanados… El Lagartijo me asombra por su honestidad, risas, llanto. Afuera nadie nos conoce y adentro peor, a mi amigo a la fuerza le dieron crédito de su trabajo y casi con el aplauso del réquiem. Nadie nos conoce porque una cosa es vivir en el tercer mundo y otra es pensar como que somos de un cuarto o quito mundo: Asombra la Fiesta Nacional, pero si fuera un logro en la economía una minúscula nota en el periodiquito de cooperativistas.
Telón cerrado y el teatro reposa agradable de nuevo, aunque teatro grande ya no llega a su sala roja de terciopelo y oro. Como una nave espacial de serie de televisión, todo se vive dentro del “mall”.
Se hizo cine, corto y atrevido, experimental en ciertos momentos pero se hizo. Hay que hacer más y mi amigo en el balcón, adentro, dijo que si y yo le creo. Se hace teatro y otros amigos, afuera en la calle o en salón prestado dicen que sí y yo les creo y ojalá se haga fiesta como la de cine. Adentro había Baco sentado para largo y etéreo y afuera también pero sólido como la roca. Los discurso con el dedo señalando ganan aplausos pero la ignorancia recluta soldados todos los días porque en el arte no nos hemos dado cuenta que es 01 por ciento inspiración y 99 por ciento transpiración.

Corten.
Nos fuimos retirando de a uno o en grupo. A pie o en blindados, alegres o más tristes, sin expectativas, dudosos. Afuera, se hizo cine: corto, atrevido, experimental en ciertos momentos… adentro, creo que también.